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Sabato, el estrépito y la ceniza

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20/6/11

Hoy 20 de junio, es en Argentina el día de la bandera. Muchos dicen que su supuesto creador, Manuel Belgrano, es el verdadero padre de la Patria (opinión que no comparto, si es que hay uno). Coincidencia por aproximación, ayer fue el día del padre, y hace exactamente hoy dos meses moría Sabato.
De forma inversa, en otras épocas que en su momento juzgábamos aciagas, Sabato estaba en todas partes.
Yo no fui un lector de Sabato, del que sólo sobrevolé en mi adolescencia un par de novelas. Su aparente similitud con los clásicos rusos (Borges hablaba del Dostoievsky de Santos Lugares) no me conmovió nunca. Fue esta semejanza, más bien, la que motivó mi desinterés (vamos a entender que falla mía: tampoco me conmovían los rusos). 
No quiero de este modo visitar la, al parecer aguda, descripción de moda: de encarnar el referente moral de los 80 y 90, al tiempo que dejaba de ser cada vez menos el literario, pasó al ostracismo oficial en los 2000.
Fue para mi generación el viejo escritor preferido por los jóvenes –porque era el más adolescente– cuando todavía los estudiantes que no superaban los 15 años revolvían en las bibliotecas; el que dirigió la Conadep y prologó el Nunca Más, el que tuvo el valor de denunciar tormentos y persecuciones sobre el personal a su cargo durante el gobierno de la Revolución Libertadora, porque se consideraba un hombre libre.
El que después de estas experiencias se hartó de anunciarnos lo "atroz" de los tiempos modernos.
Fue el añoso autor de enorme fama, publicado en todo el mundo, que respondía de puño y letra las cartas de los melancólicos y anónimos estudiantes (yo pude leer sus respuestas a un amigo mío ¿cuántas otras cartas similares habrá contestado?)
Muchos años más tarde, hace dos meses, eludió su destino mayor, y reclamó ser recordado como un vecino común. Pidió exequias en el club de barrio de su pueblo. 
Ningún intelectual de los que vociferan acusaciones, y ninguno de los que callan, fue a su entierro. Ya no estaba de moda. No hubo discursos.
Tampoco daban la medida.
Desfilaron ante sus restos el panadero, el zapatero, los vecinos, los chicos de la cuadra, mientras que en los periódicos extranjeros, ajenos a los debates de nuestra mesa chica, el mundo le rendía su homenaje. 
Nadie es la patria, pero todos lo somos. Se nos señala así, sin dejar de tener razón, que la Patria es hija de muchos padres. Que podremos considerarnos honrados si nos contamos entre ellos.
Estoy diciendo que Sabato es uno de esos padres.
Los hombres grandes, con sus ausencias, nos señalan el tamaño del tiempo del que somos contemporáneos. Son las puertas, los umbrales que nuestro momento atraviesa. 
Con Sabato se cierra un tiempo. Atrás quedan revoluciones, estudios, polémicas literarias, acusaciones políticas, compromisos y retiradas, y una esperanza de paz. 
Atrás entonces queda un país distinto capaz de abarcarlos, y de no concebirse miserable. 
Ya no habrá otro Borges. La Argentina exhausta, no puede parir otro Sabato: los gritos vacíos, el saqueo de los bronces, la minuciosa cobardía, el egoísmo tenaz y la pobreza más acérrima impiden que germinen.
Sabato estaba en todas partes.
Y así lo dibujaba nuestro amigo el gran ilustradorJorge (Dr) Alderete en homenaje a los ochenta años de Sabato, cuando dejó este raft en mi casa, en la ciudad de La Plata, allá por el año 91.

Zileheroum,
o cómo dibujar la Historia

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12/1/09

Tintín cumplió ochenta años. Yo tenía ocho cuando mi Viejo me regaló El tesoro de Rackham el Rojo. El capitán de un carguero inglés se lo había recomendado, entre otras cosas porque la realidad de la vida a bordo de un barco era reflejada, al parecer, al detalle y además, supongo yo, porque valía la pena.
Desde las primeras páginas (agregaría más, desde la cubierta, me atrevería a decir yo) la atmósfera de Hergé me cautivó absolutamente.
Todavía no sé cómo es la vida en un buque –resulté poco marinero– pero nada más lejos de mí que pretender restarle autoridad a la marina británica: yo ya he elegido que la vida a bordo sea así.
Lo que sí sé, es que uno no puede dejar de mirar los barcos, los mares, los bosques de Hergé.
Hay cierta hipnosis en ellos.
Supongo que ese trance es lo que llamamos arte.
La ilustración de Hergé trasciende el dibujo de comic, para alzarse en un universo donde cada pieza encaja, donde la vida dibujada se nos hace maravillosamente verosímil dentro de ese universo y donde cada cuadrito es una obra maestra.
A medida que fui creciendo, en lugar de dejarlo de lado, encontré nuevos motivos para releerlo y disfrutarlo. En referencia al arte secuencial y la composición narrativa: la tensión, el tempo de la acción, la naturalidad de las entradas y salidas de personajes, la evolución de los caracteres a lo largo de toda la vida del personaje, el magistral manejo de la casualidad.
Y en cuanto al arte gráfico, es una obviedad que no me voy a privar de expresar... ahí voy: el exquisito manejo de color, el trazo, el dominio del escorzo y el plano, la concepción de la página como un todo, el mínimo detalle brillantemente seleccionado son para el ilustrador una fuente de aprendizaje y referencia. Pero en este ínfimo homenaje no era mi intención comentar la obra de Hergé, sino hablar de una ilustración en particular.
Se trata de la batalla de Zileheroum, combate definitivo para la historia de Syldavia y a partir del rey Muskar I, la conformación de la dinastía de los Ottokar.

(click para agrandar)

Cuando nos hacen un encargo de ilustración histórica, a veces es importante para el ilustrador infantil que el dibujo, sin dejar de mantener su contemporaneidad pueda situarse en la época, de manera tal que brinde herramientas al pequeño lector para ubicarse en el tiempo y relacionar en forma tácita y natural datos que de otra manera llevarían un esfuerzo mayor y seguramente, menos certero.
Por eso me refiero a éste ejemplo, aprovechando que, como decimos en el estudio, el ojo y el cerebro son una misma cosa, el chico puede emparentar los iconos con la edad media, las representaciones jerárquicas, la batalla salvaje, las tiendas de campaña, la montonera militar, las cotas de malla, las lanzas, la geografía, el arte.

Aunque Syldavia no existió jamás, quiero que apreciemos, paladeemos el trabajo de documentación del autor, en el uso de las tintas, y en lo formal de la elegante composición, la selección de colores.

Si bien en esta ilustración Hergè no se refiere a ningún hecho histórico real, plaga de referencias el dibujo de manera de que podamos pensar que sí existió. Podemos saber que es una pintura medieval. Vemos que se sitúa en Europa del Este. Unos jinetes lancean a otros, en fuga, que parecen ser más asiáticos que europeos (incluso, huyen hacia el oriente). El uso del color, sin dejar de ser "tintiniano" también apuntala una época. Todo eso hace que Syldavia parezca existir, y haber tenido una historia.


No sólo el planteo escenográfico, las ropas, lo deliberadamente rebatido de la composición, los amontonamientos, los estandartes: prestemos atención cómo se recupera lo perturbador de las miniaturas, esa mezcla de naif con la crudeza de la batalla, donde lanzas y flechas atraviesan cuerpos, y el autor se detiene en el justo instante anterior a las mutilaciones, dejando a nuestro cerebro la desagradable tarea de completar la acción e imaginarlas.

Les dejo una serie de imágenes, algunas en el post, y otras para que se descarguen, como para comparar y ver cómo la ilustración de Zileheroum funciona, transparente, como recurso de recuperación de la época, clima y cultura. Una referencia medieval rusa (un príncipe de Kiev y su séquito), una miniatura de un arquero otomano, una batalla medieval (la Batalla de Orsha) y unas simpáticas miniaturas de la buena muchachada de Genghis.



Nada más, que viva Tintín (aunque todos sabemos que Haddock es una masa).


Aprendices de Brujo:
los orígenes esotéricos del nazismo

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30/10/08


Recién termino de leer Las oscuras raíces del nazismo, cuyo autor, Nicholas Goodrick-Clarke, parece haber investigado profundamente el tema. 
Las raíces del nazismo se hunden en el siglo XIX y tienen su germen en la fiebre por la literatura de divulgación originada partir de los grandes descubrimientos arqueológicos, motorizando la publicación tanto de investigaciones serias como de notables estupideces carentes de rigor, todo para consumo del gran público. 
Es un texto esclarecedor para el aficionado a los símbolos, el estudioso de la segunda guerra mundial y el amante de la historia en general.
El libro devela cómo a partir de una historia improbable (la de los pueblos arios precristianos), fabulada en base a fragmentos de leyendas, delirios y visiones místicas, Guido Von List primero y Jörg Lanz Von Liebenfels después (y luego la Orden de los Nuevos Templarios y posteriormente muchos más) tejieron una red paraestatal adoradora de una constelación de divinidades paganas (el dios Wotan, principalmente) y normas esotéricas de orden racial. Cómo, en un principio, el verdadero objetivo fue la promoción social de los "esclarecidos" y cómo el wotanismo y todo un entramado de "armanistas" (no confundir con el modisto, se refiere a los que se consideraban de la hermandad de los "Armanen", quienes tomaban su nombre de los antiguos "Hermiones", tribu germana descripta por Tácito, herederos del rey-sol), la ariosofía y la Sociedad Thule, resultaron en basamentos medulares del nazismo.
Siguiendo fábulas y mentiras, la más culta y desarrollada sociedad de Europa se sumergió en la locura, el odio, el infierno de la guerra, y arrojó sobre sí una vergüenza que (esta vez sí) durará mil años.
El libro es envolvente, revelador y documentado.
El diseñador gráfico podrá bucear en los orígenes heráldicos y la simbología rúnica del imaginario nazi, y advertirse de cómo el diseño se puede convertir en un peligro político. El historiador encontrará un contenido ciertamente atrapante, que desnuda los entramados religiosos de la historia (poniendo en tela de juicio el enfoque marxista del estudio de la historia), y los basamentos de las ideas de eugenesia del Tercer Reich.
El lector ocasional, descubrirá cómo una mentira, repetida mil veces, puede terminar convirtiéndose en un desastre de proporciones apocalípticas.
Editó Sudamericana. La traducción, de Alfredo Grieco y Bavio, cristalina.

Lástima la tapa.




Sarmiento es
de donde brotan los frutos

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11/9/08





Hoy es el día del maestro en toda América.

Felicitaciones a educadores y maestros por eso.
Aunque ya no rueda, al decir de Obligado, "por los trigales virgilianos/ el crujir impulsivo de Sarmiento/ y el sedoso avanzar de Avellaneda" y aunque asistamos a la demolición de su memoria y proyecto, que es el nuestro. Y porque los países también se diseñan, y eso cuesta esfuerzo y paciencia, obstinación y cuidado, y porque festejamos su pasión encendida y enamorada, su sombra de gigante que todavía nos ampara, vaya nuestro minúsculo homenaje al forjador del país, a través de las palabras, otra vez, de Borges.

Comunicación visual?
Que nos perfore, atravesando la Historia, la mirada de Sarmiento.


No lo abruman el mármol y la gloria.
Nuestra asidua retórica no lima
Su áspera realidad. Las aclamadas
Fechas de centenarios y de fastos
No hacen que este hombre solitario sea
Menos que un hombre. No es un eco antiguo
Que la cóncava fama multiplica
O, como éste o aquél, un blanco símbolo
Que pueden manejar las dictaduras.
Es él. Es el testigo de la patria,
El que ve nuestra infamia y nuestra gloria,
La luz de Mayo y el horror de Rosas
Y el otro horror y los secretos días
Del minucioso porvenir. Es alguien
Que sigue odiando, amando y combatiendo.
Sé que en aquellas albas de septiembre
Que nadie olvidará y que nadie puede
Contar, lo hemos sentido. Su obstinado
Amor quiere salvarnos. Noche y día
Camina entre los hombres, que le pagan
(Porque no ha muerto) su jornal de injurias
O de veneraciones. Abstraído
En su larga visión como en un mágico
Cristal que a un tiempo encierra las tres caras
Del tiempo que es después, antes, ahora,
Sarmiento el soñador sigue soñándonos.

Hombres como dioses: los dioses tienen sed de aventura

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26/8/08




Impreso y distribuido en todas las buenas librerías del país la novela África: Hombres como dioses.
Fue un placer proyectar el diseño de tapas para este libro. Plaza & Janés necesitaba una cubierta para la reedición de la novela de aventuras de H. Lanvers. Para resolverla, fuimos al texto: ambientada durante la sangrienta revuelta zulú contra todo lo que significara extranjero (y en particular, Gran Bretaña) encabezada por el rey Shaka, la novela describe las astucias, lances y valentías de un grupo de aventureros ingleses en África durante la preparación de un ejército zulú de hombres como dioses.
La historia es atrapante y violenta, por momentos recuerda a formidables (y queridos) clásicos como El León de Damasco, La tragedia del Korosko o la saga de Allan Quatermain. El autor, Hernán Lanvers, un entendido de la historia y cultura africana, nos catapulta a través de una galería de masacres, vértigo, héroes coloniales y coraje. Y todo tenía que reflejarse en la cubierta con un diseño adecuado para Plaza & Janés.
Al tiempo que pulíamos la propuesta tipográfica, nos volcamos a la búsqueda de un motivo o imágen que pudiera semblantear la acción. Por desgracia, todo lo que encontrábamos en distintos archivos sobre cultura zulú se nos aparecía demasiado pasteurizado, los guerreros de los stocks de imágenes aparecían poco creíbles y hasta blandos: eran zulúes turísticos. Por otro lado, probar con imágenes clásicas quedaba descartado, ya que el brief definía que el carácter histórico de la novela debía ser lo menos remarcable: casacas rojas, grabados y pinturas de época quedaban entonces fuera de juego.
La solución la encontramos reencuadrando y silueteando una imagen documental de la agencia gettyimages, sumado a un muy cuidadoso trabajo de filtros y calibrados para alcanzar ese tono sanguina, típico de las películas de aventuras. El fuera de cuadro enfatiza la mirada de cero onda del guerrero y obliga al lector a cruzarse con sus ojos, y por supuesto, genera intriga acerca de la imagen misma (y por extensión, el contenido del libro). La tipografía Trajan, elegante y épica, nos anuncia que aquí van a suceder cosas dignas. Combinada con la familia Filosofía (para el autor), da el toque entre clásico y elegante que necesitaba la línea editorial. Un gofrado y reserva de barniz sobre los textos, cerraron la propuesta. Habíamos encontrado la fiereza y la aventura necesarias para nuestra tapa.




Imágenes perdidas

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1/7/08

Ya he comentado en post anteriores que guardo todo.
En mi caso el almacenamiento es una pulsión que me lleva a grabar casi cualquier cosa, incluso material cuyo descarte resulta obvio. Supongo que es una manía que gané hace años, al usar esos primitivos programas maravillosos, que adolecían de "undo".
Generados, seguramente, por monstruos informáticos que despreciaban todo aquello que se relacionara con la gráfica y por cuyos horizontes no pasaba algo tan fundamental para las artes visuales como el "pentimento", eran verdaderos depredadores de ideas.
Definitivamente, creo que es por eso que desde entonces guardo bocetos, raft, rasqueteos, experimentos, archivos pinchados con gracia, juegos de viñetas, rarezas. Todo va al binario arcón del dvd. Y revisarlos produce un raro placer. Reencontrar esas piezas de "árbol de desarrollo" perdidas o propuestas desestimadas es toparse con viejas ideas. La idea es algo que se olvida, o se olvida parcialmente. Crece, se deforma, se nubla. 
Hoy pensamos diferente que ayer, muy distinto que hace años.
Vemos diferente.
Y aunque la dejemos por escrito, al releerla, la idea ha perdido esa subjetividad que creíamos conocer, y ya parece escrita por otro (o por un familiar cercano, algo así como un primo).
Al reencontrar viejos bocetos, uno suele reunirse con ese otro diseñador que éramos, pero esto, no sucede siempre. Y si no sucede, admirarse de los trabajos de esa persona desconocida, que sabemos que ha sido uno, y que creíamos recordar, es el raro placer.
Nos vemos perspectivados al resucitar esas imágenes muertas en el tiempo.
Y allí accedemos a otra fracción de placer: uno puede asistir a otra lectura de los textos, otras propuestas, otras “almas” que habrían tenido esos libros que uno conoce editados con otras cubiertas.
Es que los libros pueden leerse en distintos niveles. Uno puede leer el contenido, pero también puede leer la forma, el ojo de la letra elegido, la cubierta, los colores, las ilustraciones, las misceláneas. La calculada combinación de estos elementos es la razón del diseñador.
En esta ocasión, estamos subiendo una propuesta descartada por nuestro cliente (luego se plasmaría de otra manera) que me parece muy atractiva.
Se trataba de una colección de clásicos de aventuras para niños y adolescentes; estarían allí títulos de Salgari, Verne, Twain, Alcott, etc.
Generamos un par de propuestas a partir de 20.000 leguas de viaje submarino (un par de pares, mejor dicho) antes de decidirnos por la definitiva junto a la editorial. Aunque no fue la elegida, ésta tiene una rara belleza que me parece muy rescatable.
El título de la colección, en tipografía Triplex normal a la cabeza del libro, sobre una reserva blanca en los plenos de fondo. El título de la novela, en Transit. El nombre del autor, en Arsis.
Fíjense el uso en espejo de los filetes en el título (centrado), resaltando las líneas de base del texto del título, y jugando con ese interlineado para definir la banda sobre la que se va a inscribir el nombre del autor.
La ilustración constaba de dos componentes, uno pluma (esa especie de Kraken en este caso, retocado de nuestros stock de viñetas clásicas) y otro descriptivo (el Nautilus, resuelto por Cristian Mallea para este título) sobre un fondo pleno.
Los índices de colores en plenos, obleas, cartela y filetes, variarían según los títulos.
Según la necesidad, las ilustraciones pasarían por debajo de la banda del autor, pero por delante de la cartela del título, respetando los textos.
El logo de la editorial, al pie, sobre su banda correspondiente.
La propuesta generaba una identidad juvenil, pero de gran presencia.
El editor optó por algo más colorido, y este pulpo se fue al galpón de los trastos viejos.
Hace unos días, buscando unos textos que juraba haber guardado me lo crucé, y me cautivó. Hoy no hubiéramos resuelto esta cubierta así, pero no me parece mala cubierta.
Los textos todavía los estoy buscando, guardar todo, es no guardar nada. Quizá ese era el mensaje monstruoso de los que programaron Corel, allá por el año '92.

La vida entera

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3/6/08


"El principal motivo de esta página ha sido demostrar la notable ventaja económica de la palabra escrita sobre los lenguajes visuales a la hora de transmitir mensajes complejos".


Por fín ha visto la luz el "Autobiógrafo" –edición impresa– de la dupla Reggiani-López. 


Textos como el que comienza este post no se leen justamente todos los días, y menos en un comic, pero nos salen al cruce en éste a cada rato.


Para los que no hayan disfrutado de la entrega semanal en Historietas Reales, tienen la oportunidad de leer de un tirón toda la primera etapa (diciembre 2005 a marzo 2007).


Para aquellos que lo hayan seguido con devoción febril desde el ciberespacio, llegó el momento de conseguir el comic ahora convertido en papel – además incluye varias páginas inéditas en la web– que obtendrá características de fetiche: "Yo tengo una primera edición del Autobiógrafo de Reggiani-Lopez".


Y para el refinado consumidor de objetos de culto y lector de exquisiteces, poder sumar esta joyita a su biblioteca de incunables, manuscritos iluminados y rarezas editoriales será motivo de satisfacción.


Un perro que no es un perro que pierde la cabeza, fuera de cuadros que se juegan la vida, reflexiones sobre el género, un toque de David Lynch llevado al cuadro pero con mucho humor. Pesadilla, arte y risa se articulan en este comic renovador de dibujo López arriesgado y vanguardista y espumante texto Reggiani extra-brut.


Corran. Qué están esperando?


Autobiógrafo de Reggiani y López se consigue en CP67, comiquerías y librerías y on line en http://www.cp67.com/libros/9/978987584123.html?vienede=freggiani


CP67. Casa Central: Florida 683, Local 18, (C1005AAM), Buenos Aires.
CP67. Sucursal UBA: Ciudad Universitaria, Pabellón 3 P.B., 1428), Buenos Aires.

Editó Nobuko. Colección Grandes Éxitos.


El sol de mayo

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23/5/08

Bueno... se viene el 25 de mayo.
Fecha de homenajes, discursos y semblanzas, chocolate en taza y uniformes de cartulina azul. Y a lo mejor, alguna reflexión.

Y como somos un estudio de diseño especializado en editorial, y porque queremos los libros, voy a proponer para este post unas palabras de quien escribió aquello de "un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada", y pensó a nuestro oficio dentro de Los justos.

Mentar a Borges será casi entrar en un lugar común, pero qué más es eso si no la patria.

Vayan entonces, para todos nosotros, desde un blog de tipógrafos, ilustradores y diseñadores, estos versos, para que arda en nuestros corazones el incesante fuego misterioso.


Oda escrita en 1966
Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete
Que, alto en el alba de una plaza desierta,
Rige un corcel de bronce por el tiempo,
Ni los otros que miran desde el mármol,
Ni los que prodigaron su bélica ceniza
Por los campos de América
O dejaron un verso o una hazaña
O la memoria de una vida cabal
En el justo ejercicio de los días.
Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos.
Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo
Cargado de batallas, de espadas y de éxodos
Y de la lenta población de regiones
Que lindan con la a
urora y el ocaso,
Y de rostros que van envejeciendo
En los espejos que se empañan
Y de sufridas agonías anónimas
Que duran hasta el alba
Y de la telaraña de la lluvia
Sobre negros jardines.

La patria, amigos, es un acto perpetuo
Como el perpetuo mundo. (Si el Eterno
Espectador dejara de soñarnos
Un solo instante, nos fulminaría,
Blanco y brusco relámpago, Su olvido.)
Nadie es la patria, pero todos debemos
Ser dignos del an
tiguo juramento
Que prestaron aquellos caballeros
De ser lo que ignoraba
n, argentinos,
De ser lo que serían por el hecho
De haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
La justificación de aquellos muertos;
Nuestro deber es la gloriosa carga
Que a nuestra sombra legan esas sombras
Que debemos salvar.

Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
Ese límpido fuego misterioso.
Jorge L. Borges
De paso y ya que estamos:
Para los amantes de la identidad corporativa, y en contraste a tanta pedorra marca país, las normas del Sol de Mayo:
"el sol figurado de la moneda de ocho escudos y de la de plata de ocho reales que se encuentra grabado en la primera moneda argentina por ley de la Soberana Asamblea General Constituyente del 13 de abril de 1813 con los 32 rayos flamígeros y rectos colocados alternativamente en la misma posición que se observa en esas monedas. El color del sol será el amarillo del oro".
Y además, también subimos un afiche que hicimos hace algunos años para conmemorar nuestros primeros 10 años, que resolvimos en aquel momento con motivos patrios en torno a la idea de Diseño del Sud.
Que lo pasemos bien el 25.